TestFEDEPE a Rebeca Grynspan: “Hace falta una gran alianza de gobiernos, parlamentos, empresas e instituciones que impulsen y apoyen la transformación feminista”

Rebeca Grynspan Mayufis  es una política y economista costarricense, secretaria general de la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB). Ha sido secretaria general adjunta de las Naciones Unidas y administradora asociada del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y fue premiada en 2014 con el Premio FEDEPE, en la categoría internacional. Hablamos con ella en el TestFEDEPE de Marzo sobre la defensa de la igualdad entre hombres y mujeres.

 

¿Qué piensa del movimiento asociativo de la mujer en defensa de la igualdad? ¿Es necesario que la mujer se una y cree espacios comunes para tener más fuerza?

La región iberoamericana ha logrado importantes avances para garantizar los derechos de las mujeres y avanzar hacia la igualdad de género. Todos los países de la región, por ejemplo, han ratificado la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer.

La mayoría de los países de la región también han tomado importantes medidas para promover la igualdad de género, ya sea a través de la modificación de sus constituciones, la creación de ministerios o institutos de asuntos de la mujer, la reforma de sus códigos civiles, la tipificación de la violencia de género como delito o el establecimiento de cuotas para los cargos políticos.

No obstante, a pesar de los innegables avances para garantizar los derechos de las mujeres en todas las esferas y en todos los ámbitos, aún queda mucho camino por recorrer y aún persisten importantes obstáculos en todas las distintas dimensiones de la autonomía de las mujeres en todos los países de la región.

 

Desde luego, el activismo es fundamental para que el cambio se vuelva realidad y para que haya una rendición de cuentas. El movimiento de mujeres y la lucha feminista ha sido absolutamente determinante para forjar cambios en Iberoamérica y hoy en día este movimiento se ha visto revitalizado, particularmente a través de las jóvenes que exigen mayores niveles de compromiso con los derechos de las mujeres.

 

Millones de mujeres se han movilizado y manifestado en todo el mundo contra la discriminación, el abuso, el acoso, la violencia de género y los feminicidios.

 

Esta no es una lucha en soledad, es una lucha colectiva. Los hombres también deben acompañar el movimiento por la igualdad de género. Los hombres deben sumarse, ya que esta no es una lucha de las mujeres, sino de todos porque beneficia a la sociedad como un todo.

 

Además, hace falta una gran alianza de gobiernos, parlamentos, empresas e instituciones que impulsen y apoyen la transformación.

 

La política es, sin duda, un catalizador positivo para el cambio. Un ejemplo es el sistema de cuotas electorales, gracias al cual América Latina se sitúa entre las regiones del mundo con mejores resultados en cuanto a presencia de mujeres en gobiernos y parlamentos. México, Bolivia y Costa Rica tienen los porcentajes más altos de representación del mundo en el Senado y Congresos.

¿Se ha encontrado con algunas barreras por el hecho de ser mujer a lo largo de su carrera profesional? ¿Qué estrategias cree que deben seguir otras mujeres para llegar a las metas más altas?

Para mí, como mujer, llegar a las posiciones de liderazgo que he ocupado ha sido muy desafiante pero también muy gratificante.

Cuando inicié mi carrera política, aún era raro ver a mujeres en puestos de poder, especialmente en áreas como la economía. Experimenté en primera persona las barreras que se les imponen a las mujeres sólo por ser mujeres y más aún cuando intentan equilibrar su carrera profesional y su vida personal.

Probablemente lo que me hizo sufrir más fueron los obstáculos para conciliar la vida familiar y el trabajo. Con 33 años decidí renunciar a mi puesto de viceministra de Hacienda de Costa Rica porque tenía dos hijos muy pequeños. Hacía dos años que estaba en el gobierno y decidí dimitir un día en que en plena negociación con el Fondo Monetario Internacional me llamaron para decirme que mi hijo había sufrido un accidente en la casa de los abuelos, se había partido la frente. Salí de la negociación al hospital, y mientras atendían a mi hijo decidí dimitir. ¿Por qué? Porque la sociedad no participa en la corresponsabilidad. La disponibilidad exigida es como si una no tuviera familia.

En mi carrera también me enfrenté a incontables ejemplos de sesgos y micromachismos, barreras invisibles que muchas veces son más difíciles de combatir.

Sé por experiencia personal que a las mujeres se les pide que demuestren sus méritos con estándares más elevados que los exigidos a los hombres; no deja de ser cierta esa frase de que las mujeres debemos hacer el doble para que se nos reconozca la mitad.

Pero al mismo tiempo he tenido la dicha de ser testigo y promotora del cambio. Aunque aún tengamos mucho camino por recorrer, hemos avanzado muchísimo, no debemos olvidarlo.

Como dice Marcela Lagarde, gran figura mexicana del feminismo, “el género avanza y se empodera cuando las mujeres participan, ocupan las instituciones, y al hacerlo, transforman los espacios, las normas y la cultura política”. Este es el principio fundamental de cualquier estrategia para alcanzar la igualdad de género.

¿Percibe cambios en su actividad profesional, en materia de igualdad, con respecto a los últimos años?

Insisto: no debemos olvidar logros de las últimas décadas en materia de igualdad de género.  Estamos viviendo un momento sin precedentes para los derechos de las mujeres y las niñas.

Hoy existe un amplio consenso en que la igualdad de género no sólo es un derecho humano fundamental, sino que además es la base necesaria para conseguir sociedades pacíficas, prósperas y sostenibles.

Por eso, en la Agenda 2030 de las Naciones Unidas y en los Objetivos de Desarrollo Sostenible la igualdad de género se establece como una meta en sí misma (ODS 5) y, al mismo tiempo, como parte de la solución a los desafíos globales actuales, al estar integrada de forma transversal en toda la agenda.

 

Sin embargo, como decía antes, nuestras sociedades aún tienen un largo camino por delante; los avances suelen ser demasiado lentos. Por eso, debemos ejercer presión allí donde se pueda obtener el máximo beneficio.

 

Y uno de estos puntos de presión es cambiar de las leyes abiertamente discriminatorias. En la actualidad, las restricciones legales influyen negativamente en las opciones de más de 2.700 millones de mujeres en todo el mundo.

A su juicio, ¿qué necesitamos en estos momentos para conseguir la igualdad de género real? ¿Qué cree que habría que reformar, cambiar o adaptar de manera urgente?

Nosotros consideramos que el empoderamiento económico de las mujeres es un pilar esencial para el logro de la igualdad de género.

 

El acceso de las mujeres a empleos decentes y a oportunidades económicas no solo mejora su poder de acción y la dinámica distributiva en el seno de sus hogares, sino que también contribuye a mejorar sus niveles de autonomía física y política.

 

A su vez, todos los estudios demuestran que la participación activa de las mujeres en la economía también contribuye directamente a la erradicación de la pobreza y al crecimiento económico inclusivo. Según un informe del McKinsey Global Institute si las mujeres de todos los países del mundo desempeñaran un papel idéntico a los hombres en los mercados, se podrían agregar hasta 28 billones de dólares, o el 26 por ciento, al PIB mundial anual para 2025.

 

En la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) estamos trabajando junto con ONU Mujeres para eliminar las leyes que impiden o limitan el empoderamiento económico de las mujeres en Iberoamérica; hay normas que hay que abolir, otras que hay que modificar y otras que hay que promover.

 

Como primer paso elaboramos un informe que hace un diagnóstico de cuáles son las principales barreras, desafíos y oportunidades para el empoderamiento de las mujeres en Iberoamérica.

 

En cada país de Iberoamérica hay, en promedio, dos leyes que diferencian a hombres y mujeres en cuanto a empleo y emprendimientos. Y en 13 países las mujeres tienen prohibiciones para desarrollar algunos trabajos que sí pueden realizar los hombres.

 

Durante la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno en La Antigua (Guatemala), en noviembre de 2018, Iberoamérica se comprometió a derogar o reformar las leyes discriminatorias que persisten en la región.

 

Ahora estamos empujando esa agenda a nivel de los países. Ya hemos presentado informes específicos por país ante las autoridades de México y Chile, y en marzo lo haremos en Colombia, en coincidencia con el Día Internacional de la Mujer.

 

Sabemos que la igualdad legal no es suficiente, pero las leyes juegan un papel fundamental para garantizar la autonomía económica de las mujeres en la medida en que establecen las condiciones para su participación en términos de igualdad con los hombres.

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